sábado, junio 15, 2024
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Richard Ramírez “El acosador nocturno”

Richard Ramírez, un criminal sin patrón ni piedad

Richard Ramírez, un criminal sin patrón ni piedad

Un infancia marcada por la violencia y la guerra

Uno de los casos más peculiares de la historia criminal de Estados Unidos fue el de Richard Ramírez.

Un asesino serial que aterrorizó a los habitantes de California entre 1984 y 1985.

Su nombre se asocia con el terror, la rabia y la sangre.

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Su música de fondo era el rock duro de AC/DC, una banda que él admiraba y que le daba energía para salir a matar.

Ramírez nació en Texas, pero era de origen mexicano.

Se crió en una familia disfuncional y violenta, donde su padre era el principal agresor.

Su primo Miguel, un veterano de la guerra de Vietnam, le influenció negativamente con sus relatos de atrocidades y abusos contra los vietnamitas.

Estos factores generaron en Ramírez una furia descontrolada, que lo llevó a cometer robos, peleas y consumo de drogas desde temprana edad.

Sus crímenes fueron escalando en gravedad hasta llegar al homicidio.

Entre 1984 y 1985, se le atribuyeron 14 asesinatos, además de otros delitos como asaltos y violaciones, en la ciudad de Los Angeles, California.

Un acosador nocturno sin método ni perfil

Lo que hacía a Ramírez un asesino tan difícil de atrapar era su falta de método y perfil.

A diferencia de otros asesinos seriales, que suelen tener un patrón de víctimas o un modus operandi definido, Ramírez actuaba al azar, sin importarle el sexo, la edad o la condición social de sus víctimas.

Tampoco tenía un kit de herramientas ni cuidaba los rastros que dejaba.

Simplemente salía de casa con su walkman, ponía un casete de AC/DC y buscaba una casa donde entrar y atacar a sus ocupantes.

Ramírez usaba cualquier tipo de arma que encontraba o llevaba consigo, desde armas de fuego hasta cuchillos o bates de béisbol.

Su preferencia era atacar a familias completas, causando el mayor daño posible.

Él adoraba al diablo y lo demostraba dibujando un pentagrama invertido en su propio cuerpo o en las escenas del crimen, lo que se convirtió en su firma distintiva. 

Se trata de Richard Ramírez, un asesino serial que sembró el pánico en California.

La captura accidentada de Ramírez y una condena incumplida

La captura de Ramírez se produjo gracias a un detalle que una víctima pudo observar: el color naranja de la camioneta que usó para huir de su último crimen.

La policía encontró el vehículo y obtuvo las huellas dactilares de Ramírez, que coincidían con las registradas en la base de datos.

El 31 de agosto de 1985, Ramírez fue reconocido por varias personas en la calle y casi fue linchado por la multitud, hasta que la policía lo detuvo.

Durante el juicio, Ramírez se mostró desafiante y provocador, haciendo declaraciones controversiales y posando para las cámaras.

Fue sentenciado a pena de muerte por 13 homicidios, siendo trasladado a la prisión de San Quentin.

Sin embargo, nunca llegó a cumplir su condena, ya que murió en 2013 por complicaciones derivadas de un cáncer linfático.